miércoles, 2 de noviembre de 2016

¿PORQUÉ TANTA RABIA Y TANTO RENCOR?

Un excandidato de la CUP propone decapitar el cadáver de Franco y que la gente “pueda mearle encima y lanzarle mierda”
YA ha cerrado la cuenta, para que no le conozcan

Fuera caretas. Fuera disfraces. Aquí lo tienen para que todos le conozcan, se llama DAVID MUSQUERA

Fuera cuentos contados por ponentes tan traidores o tan poco previsores como los de 1978. España vuelve por sus fueros, retorna a su ADN cainita. “Sangre de Caín tiene esta gente labriega”, sentenció Antonio Machado recién quitadas las máscaras de la II República. No hay remedio para España, víctima de las mismas cosas y los mismos enfrentamientos de siempre. Al menos los que no nos reconocemos ni mucho ni poco en este estercolero, quitémonos también las caretas y proclamemos alto y claro que este no es nuestro proyecto moral ni político, que estos gobernantes no son de los nuestros, que esos que los votan no son nuestros hermanos, que aquellos que escupen sus miserias como acaba de hacer David Tordera (CUP), unque su nombre real es DAVID MUSQUERA, merecerían el más severo correctivo en nombre de la más elemental dignidad humana.

La historia reciente de España no se entiende sin la base de un odio infinito a lo que da sentido y sustento moral a millones de españoles. La izquierda sociológica nos odia, odia nuestra fe y nuestro rumbo, odia nuestro paisaje histórico y nuestras señas afectivas, odia a nuestros héroes y a nuestros ideales, odia nuestra independencia intelectual y nuestra rebeldía cívica. Ese odio infinito lo trasladan a figuras históricas cuyo recuerdo (¡fuera complejos!) alcanza un lugar cálido en nosotros. Pongamos que hablo de Franco, aquel gobernante que inspiró normas mediante las cuales se garantizó el derecho a nacer de usted, y de usted, y del que incluso piensa de forma diferente al que esto les escribe. Sólo por eso ya merece mi infinito agradecimiento.

Ese odio inmarcesible, imperecedero, sin la más mínima posibilidad de sosiego y apaciguamiento, se crece por la inmensa humillación de que con él sólo pudo la muerte, y se crece también por la seguridad de su creciente recuerdo en las gentes más sencillas cuando comparan su obra con la de los gobiernos de la democracia.

Ver que el odiado vive cada día más y que esa supervivencia creciente la logra, en parte, por la comparación con quienes le sucedieron; palpar que ese odio no hace sino agigantar al odiado, es causa a su vez del odio que millones de españoles ya sentimos. He aquí el dramático círculo vicioso de un proceso político que, según se nos dijo, restañaría para siempre las heridas de las dos España: para vengarnos, hay que destruir su obra y cualquier cosa que nos recuerde aquella época. Pero al destruir lo más genuino y representativo de aquella España, lo que hacen es engrandecer el pasado, con lo que el odio aumenta, lo que nos impulsa a nosotros a despreciarlos a ellos con todas nuestras fuerzas.

La escalada de odio no parece tener fin. El sábado quedó patente que entre los escaños no hay ese tolerable grado de irritación propia de la política competitiva. Ni la típica rivalidad razonable en la pugna por el poder. Hay sectarismo en cascada, ansias de revancha, estrategias de eliminación del oponente, aborrecimientos personales, y mucha aversión vengativa. Jirones de aquel odio fratricida que la Transición, según nos contaron, enterró y que el extremismo populista parece haber resucitado con tanta virulencia a su favor como indolencia hay en su contra.

EL QUE BUSCA, SIEMPRE ENCUENTRA

En la mirada de Pablo Iglesias, en los gestos de Ramón Espinar, en las palabras de Rufián, en las amenazas de Bildu, en las obsesiones de Homs o en los escritos de Tordera hay odio cerval a todos nosotros. Se percibe nítido su instinto de guerracivilismo, sus técnicas de acoso con inquina visceral y sus maneras de matones de barrio. Odio chulesco e incompatibilidad química con las libertades para reventar las calles. Siempre las mayorías silenciosas se imponen a las minorías chillonas cuyo oxígeno es el conflicto. Pero mientras la mayoría calla, el odio inoculado en una nueva generación de políticos cómodamente instalados en ese rencor injustificado que usan para repartir credenciales de falsa libertad, se contagia y extiende. No ganaron la guerra. No tuvieron el valor para ganarla. Por eso nos odian tanto.

David Tordera,(DAVID MUSQUERA) candidato de la CUP en las pasadas elecciones municipales en Tordera, con la que obtuvo poco más del 2 % de los votos, ha vuelto a generar polémica.

En un escrito en su perfil de Facebook ha afirmado que “si algún día destruyen el Valle de los Caídos y retiran el cadáver del criminal genocida Franco, yo soy partidario que expongan su cadáver por diferentes ciudades y que la gente pudiera desfogarse con el cadáver”. Entre otras lindezas propone “la decapitación, ponerle una cabeza de cerdo, lanzarle huevos, tirarle mierda y escupitajos o mearle encima”.

David de Tordera remata su escrito reclamando “carta blanca” para hacer con Franco lo que “se habría merecido en vida”.

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